El Tubo, un cocinero & una página morada.

Zaragoza. Paseo por el tubo. La mayoría de las 400 fotos que hicimos fueron fotos de esas de mira que in love estamos pero de repente lo vimos. El cocinero con la bandeja en la puerta y sentimos la necesidad imperiosa de hacer el canelo. Para variar. Es como una fuerza externa, un imán, queremos portarnos bien y salir normales en las fotos pero llega un momento que es inevitable, en cuanto llevo 4 normales ya empiezo a hiperventilar y empiezo a pensar (muy rápido oiga!) a ver como puedo alegrar la foto. Curiosamente luego me acuerdo mucho mejor del momento cuando salgo haciendo el indio.

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Viví en Zaragoza de Julio a Octubre de hace 3 años. 4 meses. En un minipiso abohardillado muy cuqui en pleno centro. Sola. Y qué queréis que os diga, me encantó vivir allí. Hacía lo que me daba la gana y cuando me daba la gana, iba andando a todas partes cosa que en Madrid es impensable (aunque he de reconocer que ahora soy una suertuda y vivo al lado del curro y también voy andando aquí) y mi piso era genial. Venga, y ahora la parte chunga. Vivía en una bohardilla, ventanas en el techo, las cuales no llegaba a abrir (ni cerrar por tanto) y cuando venía B a verme tenía que abrir para ventilar o cerrar bien porque como no llegaba no tenía fuerza para cerrar del todo. Muy bohemio. Cuando llovía, el tejado que no estaba bien impermeabilizado hacía que se me inundara la casa (y cuando digo inundar no me refiero solo a goteras sino a cascadas de agua) y por las mañanas las palomas se posaban y picoteaban el cristal despertándome. A las 9 de la mañana, oía los cantos gregorianos celestiales de la pilarica como si tuviera la radio en la mesilla de noche y durante las fiestas del pilar los conciertos eran en mi salón…solo que como la ventana estaba en el techo no veía un pijo. La puerta del dormitorio no cerraba y cuando venían visitas a dormir había intimidad cero. Y la decoración….qué decir. El piso era monísimo pero la dueña tenía un hijo comercial de marcas de alcohol y todos los adornos, cuadros, espejos etc de la casa eran bonitos bonitos. Cuando llegué, le hice fotos a todo y ocupé medio armario (casa de pin y pon, solo había un armario para todo) con sus adornitos…y cuando me fui des-decoré la casa de nuevo con sus cosas. Me vine arriba y compré de todo en los chinos y al final me quedó un apartamento muy…kitsh. A mí me gustaba desde luego. Creo que para lo poco que gasté le saqué bastante partido. Y luego está el viaje de vuelta y el coche hasta arriba de mis cosas pero…eso es otra historia.

La página tiene poco que decir, salvo que es morada y jamás uso ese color, y creo recordar que la seguí bastante fielmente, salvo poner papeles que no pegan ni con cola unos con otros, pero ahí es donde está la gracia. De hecho ahora que la miro mas…me parece hasta un poco soseta fíjate. La verdad es que tiene bastante tiempo, ahora he madurado  y se me nota, y hago páginas mas elaboradas y me quedan mas chulindringuis…salvo que la cago mas (otro día os enseño la página que estoy intentando arreglar ahora mismo que la he cagado pero bien cagada).

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2 comentarios en “El Tubo, un cocinero & una página morada.

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